Mártires
El Cuerpo de Bomberos de Maipú recuerda con honor y gratitud a los voluntarios que entregaron su vida en cumplimiento del deber.
Eduardo Ramírez Mazzoni
14/01/1932 — 21/08/1953Eduardo Ramírez Mazzoni ingresó el 30 de enero de 1953 a la entonces Quinta Compañía de Maipú —la misma que, un año más tarde, daría origen a la actual Primera Compañía que hoy lleva su nombre—. Juró como voluntario el 6 de febrero de ese año y, en poco tiempo, su compromiso lo llevó a asumir como Secretario de la Compañía el 29 de julio de 1953.
Aquel invierno pondría a prueba a toda la institución. Desde el 17 de agosto de 1953, un violento temporal azotó Santiago durante días. La Compañía respondió a un llamado tras otro, sin descanso, hasta que —después de cinco jornadas de lluvia incesante— el Capitán don Juan Durán Valenzuela debió ordenar el cese de las salidas: los voluntarios ya no tenían siquiera ropa seca con que seguir auxiliando a los vecinos atrapados por las aguas.
Pese a todo, el 21 de agosto llegó un nuevo llamado. Carabineros pidió ayuda para rescatar a dos ancianos que habían quedado aislados en el sector de Rinconada de Maipú. Días antes ya se había intentado evacuarlos, pero ellos se negaron a abandonar sus pertenencias; ahora, con el caudal completamente desbordado haciendo estragos en la población, no había tiempo que perder. En un camión municipal, los voluntarios partieron raudos hacia el lugar.
Al llegar, Eduardo —de apenas veintidós años y notable estado físico— se lanzó a la corriente para alcanzar a los ancianos. Pero la fuerza de la naturaleza fue mayor que su juventud: el frío y el torrente lo vencieron, cubriendo de luto nuestros pendones.
Su entrega dejó a la Compañía un ejemplo que generaciones de primerinos han hecho propio. La vida nos prepara para despedir a nuestros padres, pero ningún padre está listo para perder a un hijo. Eduardo era hijo de don José Miguel Ramírez Soto, voluntario y Tesorero de la Compañía. Lejos de apartarse tras la tragedia, don José Miguel redobló su entrega y siguió trabajando por la Primera, entregando a su hijo a la causa y luchando por hacer de ella la mejor de las compañías. Su madre, la señora María, acompañó siempre nuestras actividades: fue madrina de la «Menche», a la que cubrió con una mantilla tejida por sus propias manos, y en 1971 madrina del «Dino». En 1985 partió a reunirse con don José Miguel y con Eduardo, dejando grabada para siempre en nuestra memoria a la familia Ramírez Mazzoni.
Raúl Fernando Massone Norambuena
14/08/1944 — 05/05/1962Raúl Massone Norambuena ingresó al voluntariado en 1960, cuando tenía apenas quince años. Su entrega fue tan temprana como notable: en menos de dos años asumió cargos de responsabilidad en su Compañía y, por su intachable asistencia, recibió un reconocimiento a su labor. En 1962 fue nombrado Teniente Primero y, en marzo de ese año, organizó la Guardia Nocturna, lo que le valió una mención por servicios especiales.
Nada hacía presagiar lo que ocurriría el 5 de mayo de 1962. Una alarma de incendio en la estación de ferrocarriles de Maipú movilizó de inmediato a la Cuarta Compañía, que partió desde su cuartel de calle El Lingüe 277 en su carro portaescalas Saurer de 1924. El trayecto era largo y, a la altura del paradero 10 de Pajaritos, el motor se detuvo: el radiador necesitaba agua con urgencia. Apremiados por llegar, los voluntarios reanudaron la marcha, pero en el cruce de Pajaritos con Portales el vehículo perdió la dirección y se estrelló violentamente contra un árbol, dejando atrapado a Raúl.
Trasladado de urgencia a la Posta Central, ningún esfuerzo logró reanimarlo; otros cuatro voluntarios resultaron heridos, entre ellos un hermano suyo. Raúl tenía diecisiete años —estaba por cumplir los dieciocho—, era soltero y estudiante, y ya había hecho suyo el juramento que hoy honra a su Compañía: dar «La Vida por el Deber».
Luis Navarro Bustamante
17/01/1947 — 23/08/1963Luis Navarro Bustamante, hijo de don Mario Hernán Navarro Navarro y doña Elba Aída Bustamante Farías, nació el 17 de enero de 1946 en la comuna de San Miguel. Cursó sus estudios en la Escuela Industrial Don Orione y vivía en calle Los Lirios 474, en la Población Cerrillos. Movido por esa vocación de servicio que une a la hermandad de los Caballeros del Fuego, ingresó a la Segunda Compañía del Cuerpo de Bomberos de Maipú el 23 de julio de 1962, con apenas dieciséis años.
Su juventud y su corta experiencia hicieron que su vida de cuartel transcurriera con tranquilidad, hasta la noche del 22 de agosto de 1963. A las 23:20 horas, la sirena llamó a los voluntarios: un incendio se había declarado en una vivienda de 5 de Abril esquina Robles, en la población Villa O’Higgins (ex Las Rejas). Vencido el fuego, la Compañía emprendió el regreso al cuartel. El voluntario Julio Castro, que había acudido en su camión particular, se ofreció a llevar a sus camaradas; subieron once voluntarios, entre ellos Luis.
En Camino a Melipilla, a dos cuadras de avenida Los Cerrillos, el camión sufrió una falla mecánica y Castro debió detenerse al costado de la ruta para repararlo, dejando todas las luces encendidas. Los voluntarios bajaron a ayudar y otro compañero, que viajaba en motoneta, se detuvo a alumbrarlos con su reflector en medio de la oscuridad. Eran las 01:20 del día 23 cuando, de manera repentina, un camión cargado con tractores que venía de Valparaíso —cuyo sistema de dirección se había roto— embistió al grupo.
Varios voluntarios resultaron con lesiones de distinta consideración. Luis Hernán Navarro Bustamante falleció en el acto, cuando le faltaban solo cinco meses para cumplir los dieciocho años. Aquel accidente le arrebató un hijo a sus padres y, a la vez, un hijo recién llegado a la Segunda Compañía, a quien no se le permitió entregar todo lo que habría querido dar.
Querido «Nano»: tu labor no terminó aquel 23 de agosto de 1963, solo cambió de forma. Desde entonces, tu tarea es guiar a los jóvenes bomberos y protegernos en la adversidad de cada emergencia. Tu legado es entregar con el corazón, sin mirar a quién, todo lo que podamos dar; y, como reza el lema de tu Compañía: «A mi Patria».
Gastón Palma Sepúlveda
26/10/1938 — 07/01/1969Gastón Palma Sepúlveda nació el 26 de octubre de 1938 e ingresó a la Primera Compañía el 7 de octubre de 1958, a los veinte años. Había hecho su preparatoria en Chillán y en Maipú. Atraído por la vocación de su hermano Óscar, entró a la Primera junto a sus hermanos Sergio —su mellizo— y Patricio; los cuatro sirvieron juntos a la comunidad, para orgullo de sus padres y hermanas, aunque con el tiempo Sergio y Patricio renunciarían a la Compañía. Gastón ocupó los cargos de Ayudante y Secretario.
El sábado 7 de enero de 1969, cerca de las 13:00 horas, se recibió un llamado desde el fundo Santa Teresa, en el paradero 9 de Pajaritos. Acudió «La Menche» con el Teniente 2° Carlos Meneses Z. y los voluntarios Gastón Palma S., Deriks Saldías F. y Gerardo Zabala G. Ardía una gran extensión de trigo y el viento propagaba el fuego por distintos sectores del trigal; los voluntarios controlaban un foco y se trasladaban al siguiente, cargando el material al hombro para poder avanzar.
El calor era intenso. Mientras la máquina se desplazaba hacia otro sector, la tira que Gastón cuarteaba se enredó en las ruedas traseras de «La Menche» sin que nadie lo advirtiera —el fuego y el humo lo impedían, y las salidas de material van a los costados, tras la cabina—. La tira, que llevaba cruzada sobre el cuerpo, lo apretó con fuerza y le provocó graves lesiones internas. Con apenas treinta años, Gastón no pudo resistir aquel tirón: sus pulmones quedaron severamente dañados.
Fue trasladado en la misma máquina a la Posta Tres y, ante la gravedad de sus lesiones, derivado a la Posta Central. En el trayecto, a las 16:16 horas, entregó su vida por la noble causa bomberil. Sus restos fueron recibidos ese mismo día por el Cuerpo de Bomberos de Maipú frente al Monumento a la Patria y trasladados a pie hasta el cuartel. Los vecinos salieron a las calles a ver pasar a sus bomberos, con los ojos enrojecidos, acompañando a Gastón hasta el velatorio, mientras la sirena ululaba a la espera del Cuerpo.
Su ejemplo no será olvidado: ni el polvo del tiempo podrá borrar de nuestra memoria el nombre de Gastón Palma Sepúlveda, cuyo valor y entrega heroica seguirán pasando de generación en generación.